Marga heredó el cuaderno de recetas de su abuela Pura: cuarenta y tantas páginas de letra apretada donde no aparece un solo gramo. Está todo medido en un vaso de los de vino, dos cucharadas colmadas, una nuez de manteca y, en el bizcocho, en vasitos de yogur. El sistema funcionaba de maravilla mientras su abuela estaba al lado para decir «así, un poco más». Ahora ya no está, y Marga se planta delante de la masa quebrada sin saber si su vaso es el vaso.
Probó con los conversores de internet. Todos hablan de cups americanas, que no son el vaso de su casa. Y casi ninguno distingue el ingrediente: un vaso de harina y uno de azúcar no pesan lo mismo, y ahí es donde se le rompía el bizcocho. Ella ya había hecho los deberes: cogió la báscula, llenó su vaso ocho veces con cosas distintas y apuntó los pesos en una nota del móvil. Lo que le faltaba era algo que usara sus números.
Lo que pidió, con sus palabras
«Quiero una calculadora de recetas viejas. Que yo pueda meter mis propias equivalencias (un vaso de los de vino de harina = tantos gramos, una cucharada colmada de azúcar = tantos) y luego escribir la receta en vasos y cucharadas y que me la pase a gramos. Y que pueda decir para cuántos era y para cuántos la quiero, y me multiplique todo.»
Lo que apareció
Una sola pantalla, partida en dos. Arriba, Mis medidas: una lista editable donde cada línea es una unidad, un ingrediente y un peso. Abajo, la receta: vas añadiendo filas («harina — 2 vasos», «manteca — 1 nuez») y a la derecha salen los gramos. Un par de campos para las raciones, era para 6, la quiero para 11, y todo se recalcula. Detalles que no pidió pero agradeció:
- Redondea a algo de cocina. No dice 137,4 g, dice 135 g.
- Si una unidad no está en su lista, la marca en rojo en vez de inventarse un número.
- Un botón para copiar la receta ya traducida y pegarla donde quiera.
Después de la primera versión pidió un cambio: quería poder repetir el mismo vaso con pesos distintos según el ingrediente. Lo escribió tal cual y la pantalla volvió con esa columna añadida. Sin actualizar nada, sin esperar a la versión 2.1.
Por qué importa que se haga ahí mismo
Esto no da para una app de tienda. Son las medidas de una cocina concreta, no valen para nadie más, y a Marga no le apetecía crearse otra cuenta ni dejar el recetario de su abuela en el servidor de una plataforma que vive precisamente de recopilar recetas. Aquí no hubo nada de eso: la app se escribió en su navegador, sus equivalencias se quedaron en su móvil y en la cocina, donde el wifi llega regular, siguió funcionando igual de bien con el horno ya caliente.
Si tienes una cuenta rara que solo te sirve a ti, pídesela a Elffuss Claw: se genera dentro de tu navegador y tus datos no salen del dispositivo.
Abrir Claw →