Óscar lleva un bar pequeño en Valladolid: cuatro personas en sala, más él. Las propinas van a un bote común y se reparten los lunes. El problema no era el dinero, era el método: un papel de servilleta, una división a ojo y siempre alguien que había hecho dos turnos dobles y salía con lo mismo que quien libró el sábado. «Nunca lo decían a la cara, pero se notaba», cuenta.
Buscó apps. O eran gestores de nóminas enteros con suscripción mensual, o eran calculadoras de propina de restaurante americano, esas de "añade un 18%". Nada que hiciera lo único que él necesitaba: repartir un bote entre gente que ha trabajado horas distintas.
Lo que pidió, con sus palabras
«Quiero meter los nombres de mi gente y las horas que ha hecho cada uno esta semana, poner el total de propinas del bote, y que me diga cuánto le toca a cada uno según sus horas. Que redondee a monedas de cinco céntimos, porque pago en efectivo y no tengo céntimos sueltos. Y que me deje copiar el resultado en una lista para pegarlo en el grupo.»
Lo que apareció
Una sola pantalla, sin menús. Arriba, el total del bote. Debajo, una fila por persona con su nombre y sus horas, y un botón para añadir más. El reparto se recalcula solo según vas escribiendo.
- Cada línea muestra el porcentaje del bote y el importe ya redondeado a cinco céntimos.
- Los céntimos que sobran del redondeo no desaparecen: se quedan en una línea aparte, «queda en el bote», para la semana siguiente. Eso lo pidió después, cuando vio que los números no cuadraban del todo.
- Un botón copia el reparto en texto plano, con el nombre y la cantidad, listo para pegar.
- Los nombres y las horas siguen ahí al volver a abrirla, así que el lunes solo cambia las horas.
Nombres, horas y dinero: eso no sale del bar
Cuando Óscar buscaba en Google, había una cosa que le frenaba sin saber muy bien por qué: para usar cualquiera de aquellas herramientas tenía que escribir en una web ajena los nombres de sus empleados, las horas que hacen y lo que cobran de más. No es un secreto de estado, pero tampoco es asunto de nadie.
Aquí no hay dónde mandarlo. La app se generó en su navegador y se ejecuta en su navegador, sin cuenta y sin servidor: los nombres de Marta, Dani, Cris y Pablo no salen del portátil que tiene junto a la cafetera. Si mañana se va la línea, la calculadora sigue funcionando igual, que en un bar con el router en la trastienda no es un detalle menor.
El lunes siguiente el reparto duró lo que tardó en escribir cuatro números. Y por primera vez nadie preguntó cómo había salido esa cifra: estaba el porcentaje al lado.
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