El día 19 Berta se mudaba a un piso a tres calles del anterior. Llevaba tres fines de semana empaquetando y tenía cuarenta y una cajas apiladas en el pasillo, rotuladas con la precisión de siempre: cocina, libros, varios, varios 2, varios (importante).
El problema no era empaquetar. Era el jueves siguiente, buscando el cargador del portátil a las once de la noche, con el salón nuevo lleno de cartón y la certeza de que ese cargador podía estar en cualquiera de las cuarenta y una.
Lo que pidió
Quiero una cosa para apuntar lo que meto en cada caja, con su número. Y que luego pueda escribir «cargador» y me diga: caja 17. Ya está. No quiero registrarme en ningún sitio ni instalar nada.
Lo escribió tal cual en Elffuss Claw. La app se montó allí mismo, en la pestaña del navegador, mientras ella seguía precintando.
Lo que apareció
Una sola pantalla. Arriba del todo, un buscador grande. Debajo, un formulario mínimo: número de caja (que se autoincrementa solo, para no tener que pensarlo), habitación de destino y un campo de texto donde vas escribiendo lo que metes, separado por comas. Cada caja queda como una fila con su contenido a la vista.
Berta iba dictándose en voz alta y escribiendo: «cables, cargador portátil, regleta, ratón». Al buscar cargador, la app le devolvía la caja 17 y también la 3, donde había metido el del móvil viejo. Eso no lo esperaba y le vino bien.
A mitad de mudanza pidió una segunda cosa: que las cajas ya vaciadas se pusieran en gris y bajaran al final de la lista, para no volver a mirarlas. Apareció un botón vaciada en cada fila. También salió un botón para imprimir etiquetas con el número enorme, que fue idea del modelo y no suya.
Por qué importa que se haga ahí dentro
Lo que Berta acabó teniendo es un inventario de todo lo que tiene en casa, ordenado y buscable, junto con la dirección nueva. Es justo el tipo de lista que no apetece dejar en el servidor de una app gratuita de la que no sabes nada. Aquí no había servidor: el modelo generó la app en su navegador, sobre su propia tarjeta gráfica, y lo que escribió se quedó en su dispositivo. No es una promesa en una política de privacidad, es que no hay a dónde mandarlo.
Y hubo un detalle práctico que lo remató: en el piso nuevo el router no llegó hasta el día siguiente. La app siguió abriéndose y funcionando igual sin conexión, porque no dependía de nada de fuera. Cuarenta y una cajas, cero cuentas creadas, cero descargas.
- Reto: saber qué hay dentro de cuarenta y una cajas iguales.
- App del día: registro de cajas con buscador, marcado de vaciadas y etiquetas imprimibles.
- Tiempo de instalación: ninguno.
Si tienes una mudanza, un trastero o cualquier lío que se arregla con una app diminuta que nadie ha hecho todavía, abre Elffuss Claw y pídesela con tus palabras: se genera y se ejecuta en tu navegador, y lo que escribas no sale de tu dispositivo.
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